Cada 16 de enero, el calendario gastronómico se detiene para honrar a la reina indiscutible de nuestra cocina: la croqueta. En España, este bocado no es solo un aperitivo, es un legado emocional que ha sabido evolucionar desde la cocina de aprovechamiento hasta la alta gastronomía. Fue en los años 80 cuando las barras, especialmente en Euskadi, comenzaron a servir “el caliente”, ese pintxo reconfortante donde la croqueta compartía protagonismo con rabas y gambas, convirtiéndose en el nexo de unión entre abuelos y nietos.

La magia de la croqueta reside en su versatilidad infinita; en España las hacemos de todo. Desde las inmortales de jamón ibérico, un clásico que nunca falla en PerretxiCo, hasta propuestas que nos transportan al Cantábrico, como sus icónicas croquetas de mejillón tigre, boleadas con maestría para lograr una cremosidad extrema. Esta capacidad de combinar tradición y modernidad ha llevado a tabernas como las dirigidas por el chef Josean Merino y Estíbaliz Pérez a lo más alto, logrando los 3 Eguzkilores en la Guía BEST Pintxos & Gastro 2025.
Celebrar este día en sus tabernas de Madrid, Vitoria o Logroño es rendir homenaje al producto de calidad y al cuidado técnico de bechamel trabajada con respeto. Ya sea una ración mixta o un pintxo individual, cada bocado es una excusa para reunirse, compartir risas y disfrutar de ese toque creativo que convierte lo cotidiano en algo memorable.