KFC ELEVA LA DEVOCIÓN GOURMET AL SURREALISMO CINEMATOGRÁFICO CON «BELIEVE»

La frontera entre el consumo y el culto se difumina en la última entrega de la aclamada trilogía publicitaria de KFC. Bajo la firma estratégica de la agencia Mother, la cadena de restauración ha presentado un nuevo capítulo de su campaña «Believe» en el Reino Unido, consolidando un universo donde el pollo frito trasciende su naturaleza gastronómica para convertirse en el epicentro de un ritual místico. Esta pieza, dirigida por Vedran Rupic con una factura visual puramente cinematográfica, refuerza el posicionamiento de la marca como una autoridad cultural capaz de generar una fidelidad que bordea la obsesión religiosa.

La transición del storytelling pasivo a la gamificación del mundo real mediante incentivos de alta fidelidad.

El eje narrativo del spot sumerge a los espectadores en una carrera de obstáculos onírica y absurda, donde la fe incondicional en el producto es la única guía. Sin embargo, la estrategia de KFC no se limita a la seducción estética; el lanzamiento integra códigos QR que redirigen a plataformas exclusivas para captar a los «devotos» más fieles. El objetivo final es un evento en el entorno físico que premiará al ganador con 50.000 libras (aproximadamente 58.000 euros), transformando la campaña en una activación de marca con un retorno medible en engagement y captación de datos de primer nivel.

Marketing de guerrilla y exclusividad digital

Monica Selic, Chief Marketing Officer de KFC en Reino Unido e Irlanda, define esta etapa como la «prueba definitiva» para sus consumidores. Al elevar el pollo frito a la categoría de deidad lúdica, la marca logra una diferenciación radical en el saturado mercado de la restauración rápida. La utilización de una narrativa deliberadamente opaca y selectiva no solo genera curiosidad, sino que construye una comunidad de élite en torno al producto, donde participar en el ritual es sinónimo de pertenencia a un estilo de vida audaz y desinhibido.

Impacto en redes y omnicanalidad

La campaña se despliega con una arquitectura omnicanal que abarca desde la televisión tradicional hasta redes sociales y publicidad exterior. Al hibridar la narrativa surrealista con premios sustanciales y experiencias inmersivas, KFC demuestra que el éxito comercial hoy requiere de un compromiso que el usuario pueda vivir en primera persona. Esta estrategia subraya una tendencia imparable en el sector: las marcas ya no solo venden experiencias de consumo, sino que diseñan universos paralelos donde el cliente es el protagonista de una epopeya corporativa.

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